Barranco esta lleno de ternura, en 30 años el barrio se puso muy bonito, pero quizá las cosas no cambiaron básicamente. Creo que se vacía aún su cubo de basura en el suelo frente a su puerta. Despues gentes pobres pasan con carritos para recoger lo que se pueda vender. Los perros pasan también por allí, y finalmente el camión del municipio entra retrocediendo en la calle Domeyer. Con palas y escobas los empleados municipales recogen lo que aun queda y limpian con cariño la calle.
Por qué no, siempre fue así y es la aplicación de una basura selectiva. Nuestro cubo no era tan abundante como el de Vitrolles en Francia.
Descubrimos nuestro antiguo mercado cubierto tan original convertido un hipermercado llamado: Metro.
¡Entonces los embalajes de las compras deben tener más espacio, la publicidad también!
No volvimos para criticar. Aquí fuimos felices, éramos dos jóvenes recién casados que gozaban de la vida nocturna y de la fiesta. Nunca nadie se quejo de nuestro ruido (nuestra contaminación sonor). Como en toda Lima, nuestras reuniones comenzaban a medianoche y nuestros amigos no se retiraban antes de los 7 de la mañana. Habíamos bailado toda la noche y comido a las dos de la mañana el famoso “seco de cabrito con arroz”.
Estamos orgullosos de haber residido aquí, junto al famoso puente de los Suspiros y de las peñas adónde Chavuca Granda canto sus mejores vals, sus tonderos, coplas y landos afroperuanos.
Vivíamos también frente a la casa de Victor Delfin. Desde nuestra ventana vimos nacer sus caballos, sus pájaros y sus leones de acero. Como Picasso, crea todo el tiempo, es su vida. Nos lo repitió, no puede detenerse. Fue también más prolífico, tiene nueve hijos.
Su proyecto en 1978 de construir en la bajada del barranco, lo realizo. Nunca me había imaginado fuera posible construir una piscina en este lugar donde sólo veía el vacío. Existe ahora la oportunidad de hacer una estadía en la casa principal. Estadia en la casa de Victor Delfin
Victor Delfin a Quito en 1978


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