lundi 19 octobre 2009

Capítulo I: Santa Liberata del Rimac, un milagro y una musa soberana.

Pronto voy a tener 64 años.
Se pueden preguntar porque todos esos viajes que hago por los barrios populares de América Latina, por las fiestas votivas, las iglesias, los museos, por todo lo insólito de la fe de la gente, lejos de los lugares turísticos espectaculares, de los “resorts”, de los balnearios paradisiacos o de las aldeas de los indígenas de la selva por un turismo sostenible.
Me gusta la buena vida, el confort lujoso y el ocio.
¿Entonces que busco?
Rebusco el milagro.
Persigo los pequeños milagros que nos van a llevar al gran milagro.
El gran milagro es:
“Nuestra entrada en los Tiempos de los Jardines”.
La decisión se tomara en la sede de las Naciones Unidas.
Se necesita un milagro porque la forma correcta es imposible.  Somos cautivos del sistema económico de los Tiempos de los Templos actuales.  No hay ninguna posibilidad de abandonar las leyes financieras relacionada con el crecimiento del desarrollo de las actividades nocivas de las ciudades para dedicarnos plenamente al crecimiento de la vegetación.
Para salvar la humanidad del fin de los Tiempos tenemos que conquistar los desiertos con la vegetación que es la unica que puede transformar el gas carbónico en oxígeno y temblar el clima.
Hacer la guerra al desierto es no solamente salvar la humanidad, es también la mejor repuesta a nuestros mayores males que son el hambre, las migraciones de populaciones, las guerras, el terrorismo y el clima.
¿Porque pasar por la fe?
Creo que la religión manda en nuestro subconsciente.  Hasta los ateos son dominados por la herencia monoteísta.  Los Tiempos actuales son judíos, cristianos y musulmanes, solamente ellos tienen un calendario vigente.  Los pequeños milagros que espero sean para revolucionar esas grandes religiones monoteístas cuya metafísica domina la meta política de sus naciones.
Si mañana el santo Pontífice ve un signo milagroso que le permita cambiar su sempiterno discurso, de repente el pueblo francés le va a escuchar y nuestra nación cambiara de rumbo.
El milagro que espero para la Iglesia es un concurso de diferentes eventos, por supuesto desconocidos por mí, que cristalizan un sentido totalmente nuevo e inexorable.
Mi primer milagrito es Santa Librada ocupando el sitial de Cristo sobre la Santa Cruz.
Roma la quito del martirologio de los santos en 1961 porque se convenció que nunca fue crucificada y que sus ocho hermanas gemelas saliàn de una leyenda pagana, de un sincretismo con las nueve musas del Parnaso griego, igualmente gemelas e inspiradoras de las bellas artes y de las ciencias.
Milagrosamente Panamá siguió a festejàndola y nos dice:  ¡Santa Librada es lujo!
Colombia vuelve a descubrirla y la llama Santa Libertad.
Perú la llama Santa Liberata y la tiene abandonada en su iglesia de la Alameda de los Descalzos en el Rímac.
Ella es de un modernismo fenomenal, rompe con el sexismo y la equivocada o hipócrita invitación cristiana a vivir pobre para salvar nuestra alma, cuando ningún cristiano ni obispo lo hace en ese mundo moderno del crecimiento industrial.
Voto por que su imagen “La Peregrina” llegue a Roma con los tableños, con su murga, con sus hermanas y amigas empolleradas, tan bellas que no se distinguen una de la otra porque son las musas de las Bellas Artes panameñas y las enanas de los jardines de San Pedro.
Dentro de una semana el libro “Santa Librada” estará en mi blog para explicarles porque son enanas.
Es un gran reto que el convencer al Pontífice.  Se necesita un milagro, la reunión de muchos caminos diferentes de fe.
Hoy escribo sobre el tesoro cultural de las raíces griegas, romanas, egipcias de la Iglesia española del siglo XVII, conservadas por los peruanos en su folklore, en sus supersticiones, en las fiestas y las procesiones, en los conventos, en el centro histórico de la ciudad de los Reyes del Perú.
De 1975 a 1979 trabaje cuatro años en el SENATI de Lima.
Mi esposa y yo volvimos juntos a esa tierra después de treinta años.
La visita a Lima en el mes de septiembre nos pareció fácil y económica.  En los años setenta cuando vivíamos en Barranco, la gran Lima era todavía el corazón económico del país.  Hoy las actividades financieras de Perú se desarrollan en los barrios modernos de San Isidro y Miraflores.
En la avenida de la Colmena desapareció el gran hotel “El Grillon”.  El mítico hotel Bolívar de la Plaza San Martin renace gracias a sus empleados, y todavía con una actividad reducida.
La razón o pretexto de nuestro viaje al final del mes de agosto era el matrimonio de nuestra querida Roxana de Aix-en-Provence, con Omar, un joven limeño.  La boda fue el 28 de agosto en ese histórico gran hotel Bolívar.  Antes de viajar me entere por internet que se ofrecían habitaciones a precios tres veces más bajos de lo normal por un cinco estrellas. Llegamos el 26 en la mañana y pasamos nuestras tres primeras noches en una habitación con muebles muy refinados.  Visitamos el convento de La Merced en el Girón de la Unión. Llegamos a la plaza Mayor, doblamos a la izquierda para entrar en la iglesia Santo Domingo adonde están los osarios de San Martin de Porres y Santa Rosa.
Caminando un poco más, llegamos a la avenida Tacna para descubrir el santuario de Santa Rosa en plena ebullición de su próxima fiesta dentro de dos días. Llegaban una gran cantidad de niños venidos a tirar su carta de deseos en el pozo de la Santa. Siguiendo por la misma avenida llegamos a la iglesia y el monasterio de las Nazarenas donde se encuentra la imagen del Cristo de los Milagros: el Cristo de Pachacamilla, el Cristo moreno.
http://www.boletindenewyork.com/SdelosMilagrosGLavarello.htm
http://es.wikipedia.org/wiki/Se%C3%B1or_de_los_Milagros_(Lima)
http://www.arzobispadodelima.org/mesmorado/historia.htm
Leí: “Todos los octubres de nuestras vidas, el cielo de Lima se torna de color morado, entre el carmín y el azul.”
Ese recorrido nunca lo habíamos hecho durante nuestros cuatro años de presencia en Perú.  Mi curiosidad no llegaba hasta allí.  No conocía a los doctorcitos de Perú a quienes se les regalan juguetes en cantidad.  Le invito a descubrir la expresión exterior de la fe peruana en ese diaporama.  Creo que ella participa a mi busqueda de los milagritos con sus reír y lamentillos.

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